-“Como ya somos 400 en el
grupo”, gritó el político delante de su eminente audiencia, encaramado encima
de una tarima en el patio de la cárcel.
-¡Tendremos que
revindicar nuestros derechos sociales como presos!
El público enardecido aplaudía a rabiar, los de delante,
enfundados en sus camisas de marca y sus tejanos última moda fumaban tabaco
rubio Americano, los de detrás, con el pelo engominado al estilo del más ruin y
pasado de moda de los banqueros, sonreía con las satisfacción de saber a su
familia a salvo, colocada y viviendo en la abundancia. Los de la tercera
fila no aplaudían, vitoreaban mientras
se retiraban al oír la llamada a misa de
la capilla.
-¡Queremos ordenadores en
cada habitación, comida a la carta, champan francés los domingos y caviar las
fiestas de guardar, servicio de lavandería, masajes para relajar nuestros
estresados cuellos, chicas alegres que nos haga más llevadera la estancia, un
viaje de vez en cuando, móviles para comunicarnos con nuestra familia........
Pero sobre todo, queremos un cajero automático en el pasillo central!!!!.
-¡Sus deseos son órdenes!
contestó una voz en of que nadie supo de dónde venía y así fue como nuestros
políticos y demás gente honrada pudieron
acceder a los mínimos servicios sociales
para llevar una vida digna.
No hay comentarios:
Publicar un comentario