domingo, 28 de febrero de 2010

EL CHICO

EL CHICO

El día en que la policía lo saco de su casa esposado; tenía la misma expresión en su cara que cuando te lo encontrabas esperando el ascensor en el rellano.

Siempre había sido un chico "raro" aunque correcto en la relación con los vecinos; guardaba siempre las distancias.

Se fue haciendo mayor sin que nadie se diera cuenta, empezó a caérsele el pelo por la coronilla y se vestía como si fuese un hombre mayor. Su madre empezó a buscarle novia por el barrio insistentemente, cuando una chica mona llegaba a la panadería como dependienta le hablaba de su chico, le encargaba el pan y no se lo llevaba adrede para que mas tarde el chico fuera a buscarlo, si fallaba la panadera lo intentaba con la frutera y si esta lo hacia emprendía de nuevo su cruzada con cualquier vecina soltera, hasta que las candidatas se le fueron acabando y la madre desistió en su intento.

Analizando un poco desde la distancia la verdad es que en esa casa eran todos un poco raritos, pero eso si, cada uno a su manera .La madre siempre pensó que su hijo gustaría a alguna mujer y por fin lo casaría, el padre, cuando se jubiló, se pasaba el día intentando ligar a toda mujer que pasara por su lado, siempre gastaba bromas entupidas a los vecinos o mejor a las vecinas , a el solo le importaba ese genero, la hermana se pasaba la vida levitando por encima de todos, era budista y hacia frecuentes viajes a la india para que su guía espiritual la orientara, cuando volvía, andaba siempre por encima de todos o levitando o haciéndose pasar por un espíritu, pues entraba en el ascensor y no saludaba , como si fuera invisible o como si no viera a los demás.

Con el tiempo fue el chico el encargado de hacer las compras de su casa, al parecer eso lo entretenía, era su única distracción. Era muy extraño porque cuando coincidías con el en el ascensor, años atrás no saludaba, igual que su hermana, pero después empezó a hacer comentarios tan interesantes como el precio del pan o la subida de la fruta, lo decía como quien comenta una noticia de largo alcance, no dejaba de mirarte hasta que le dabas la réplica, cuando llegabas a tu piso, aun dentro del ascensor siempre era el el que decía: hasta luego, como queriendo anticipar la despedida.

Algunas veces me preguntaba que haría el chico el resto de la jornada, por la mañana hacía la compra, recorría todas las tiendas del barrio para comprar los productos en los sitios más baratos, para cada cosa que compraba hacia un viaje a la calle, como si le pesara mucho el carro con el que siempre iba y tuviera que descargar. Para mi siempre fue un gran misterio en lo que el chico empleaba su tiempo libre que era todo.

Fueron pasando los años y un día murió el padre, la tarde del entierro el chico no mostraba ningún sentimiento, su cara permanecía sin ningún tipo de rictus, era como si estuviera asistiendo al sepelio de alguien lejano, de un vecino, de un conocido, como si estuviera allí solo por compromiso.

Al día siguiente salio a la compra y nunca más volvió a hablar de su padre.

Al poco tiempo de acabar la carrera de psicología la hermana se fue a vivir definitivamente a la india para estar cerca de su guía espiritual, no soportaba ni un instante más vivir en esta parte del mundo donde todo está deshumanizado, donde la mujer está muy por debajo de donde le corresponde estar, donde los vecinos son molestos y el resto del mundo se ponía en su contra, donde todo son injusticias.



Cuando la madre se fue haciendo mayor empezaron a fallarle las piernas y poco a poco dejó de salir a la calle, su hijo le hacia la compra y le llevaba todo lo que necesitaba. Si algún vecino preguntaba por ella siempre se encontraba con la misma respuesta, muy bien gracias, pero nadie se molestaba es subir hasta el ático y comprobar que era verdad, con el tiempo los vecinos se fueron olvidando de la señora y como suele pasar en las grandes ciudades donde pueden pasar meses sin ver al vecino de enfrente, todos dejaron de preguntar.

Cuando la hermana se cansó de levitar y se dio cuenta de la miseria en la que se vivía en la india decidió volver a casa y ocuparse un poco de la miseria en la que vivía su hermano y de su madre.

La tarde que llegó a su casa estuvo largo rato llamando a la puerta, un leve movimiento le hizo pensar que la casa no estaba vacía, pero por alguna extraña razón nadie abría la puerta. Allí mismo en el rellano sacó una pequeña alfombra y se sentó en la posición de loto, se puso a meditar, así estuvo largo rato hasta que perdió la paciencia y empezó aporrear la puerta como una posesa.

Los vecinos, asustados, subieron al ático, pero pronto la chica los mandó de vuelta a sus casas. Todo pareció calmarse por un rato, era casi media noche cuando empezó de nuevo a aporrear la puerta gritando improperios a su hermano. Los vecinos llamaron a la policía, al cabo del rato llegó la patrulla, pero el chico seguía sin abrir la puerta.

Después de casi una hora de negociaciones, este accedió y abrió la puerta. Un olor indescriptible y nauseabundo impregnaba la entrada de la casa. Como en una pequeña comitiva primero entró la hermana, después el agente mayor y a continuación el joven.

La casa parecía no haberse ventilado en años, una capa de polvo grasienta cubría los muebles, en una esquena del salón, dentro de su jaula yacía el cadáver de un pequeño pájaro. En el suelo de la cocina se pegaban los pies, los zapatos al despegarse hacían un extraño ruido, de las paredes caían unos hilillos de grasa y la lámpara que en otro tiempo era de colores tenia un color aceite rancio.

Al llegar al dormitorio de la madre no la encontraron en el, la habitación contrastaba con el resto de la casa un orden impropio reinaba en ella, como si no la hubieran abierto en años, el polvo estaba concentrado en toda la habitación.

Cuando el chico se cansó de ver tanta gente dentro de su casa decidió mostrarles lo que querían ver, se dirigió a la cocina abrió el arcòn congelador y mostró a todos lo su gran hazaña, mientras se quedaron todos mudos de horror el chico no mostró el más mínimo sentimiento, salio de la cocina se sentó en su sillón de la salita, encendió la tele y siguió viendo su programa favorito, como si lo que acababa de mostrar fuera lo más normal del mundo.

Dentro del congelador, repartida en bolsas de plástico, en grandes trozos, estaba la madre. En la primera bolsa se podía ver la cabeza, los ojos estaban desmesuradamente abiertos como queriendo contar al mundo el horror que acababa de vivir.

El día que declaró el chico, lo hizo como quien cuenta una historia que acaba de inventarse o algo que ha hecho otro, no mostró ningún sentimiento .Relató paso a paso todos los detalles escabrosos de su crimen sin omitir el más mínimo detalle.