jueves, 14 de octubre de 2010

MI PRIMER DIA DE COLEGIO







Me llamo Raúl, tengo cuatro años y hoy es mi primer día de colegio.
 Mi nuevo colegio debe ser algo muy especial porque los adultos no han parado de decirme: ¡dentro de poco al colegio  de mayores, que bien eh!  Yo les decía a todos que si, pero en realidad era solo para que vieran que había  crecido mucho.Debía comportarme como un niño grande,  eso me dicen todos.
Nada más levantarme mi madre se ha empeñado en ponerme un pantalón y un jersey que daban mucho calor, además el pantalón picaba como si por dentro de la tela tuviese algún mosquito perdido, al final he tenido que ceder porque mi madre se ha empezado a poner nerviosa y a gritarme, parece que no sabe hacer otra cosa que darme gritos cuando protesto por algo.
Al llegar  al colegio había mucha gente y hacía mucho calor, me estaba agobiando por momentos, cuando nos han puesto en fila y,  como si fuéramos patitos,  nos han llevado uno detrás de otro a la nueva clase, he visto alejarse a mi madre y me han dado ganas de llorar, pero como todos dicen que soy mayor, me he aguantado las ganas.
He pasado la mañana mas larga de mi vida, ningún niño era amigo mío, la señorita nos gritaba continuamente que nos calláramos y cuando por fin ha llegado la hora de salir, me he puesto muy contento porque ya no quiero ir nunca más a este colegio de niños mayores, no me gusta nada. Antes de salir he ido a coger mis libros nuevos para llevármelos a casa y la maestra me ha dado un grito, me ha dicho que no puedo llevármelos, que se tienen que quedar en  clase, además,  me ha dicho que debía quitarme los tatuajes que llevaba en el brazo, ha dicho: - en este colegio no se permite a los niños ir sucios y con semejantes tatuajes en los brazos." mañana no quiero verte con ellos", eran las calcomanías de mis  personajes  favoritos de dibujos animados, ella seguramente nunca ha visto esos dibujos y por eso no quiere a mi oso gordito y gracioso,  no me he podido aguantar y las lágrimas me han salido sin que yo me diera cuenta.
 Cuando mi madre ha venido a recogerme, allí estaba yo, en medio de la fila, llorando desconsoladamente,  con la cara llena de “churretes” con un calor tremendo, pensando que iba a ser mi primer y último día del nuevo colegio.
Por la tarde he ido al parque y he jugado con mis amigos  ¡que bien me lo he pasado! Ellos si son mis amigos y no los niños con los que me ha tocado estar por la mañana.
A la mañana siguiente me di cuenta enseguida que estaba equivocado, no iba a ser mi último día de colegio, iba a ser una gran cadena de días porque estaría en  el 14 largos  e infelices años.
Mi madre me decía siempre, que no pegara a otros niños,  si ellos me pegaban a mí, ella decía que me defendiera con la palabra, lo malo de esa defensa es que las palabras no hacen daño en la cara o las piernas de nadie y yo volvía cada día casa  con alguna patada de más.
Poco a poco me fui acostumbrando a que me pegaran, llegó un momento en que no me importaba ni me hacia daño casi., lo que si me dolía al principio es que no jugaran conmigo, todos los niños pasaban el recreo dándole patadas al balón y a mi eso no me gustaba, yo prefería otras cosas como correr o jugar a los cromos.
También a eso llegué a acostumbrarme, pasé solo casi todos los recreos de mi vida  y nunca ninguna maestra se preocupaba , ni me preguntó si me pasaba algo, como era un buen niño y en clase me portaba muy bien a nadie le importaba mi soledad. Yo me comía mi almuerzo sentado en el suelo o detrás de algún árbol.
Un día, antes de entrar en la clase, me puse a jugar con un niño a los cromo,  me ganó dos de mis preferidos, no me sentó nada bien y se lo dije a mi madre, ella me contestó que si había jugado y perdido tenia que aprender la lección, no lo entendí mu bièn,  pero si mi propia madre no me defendía, la cosa estaba clara, había perdido mis cromos. Me resigne sin entenderlo. Esa misma tarde estuve jugando con mi mejor amigo y esta vez si que estaba contento porque le había ganado dos cromos que no tenia en mi colección, la sorpresa fue que mi amigo se puso a llorar como un loco, yo pensé enseguida que el también debía aprender la lección,  que si se juega y se pierde no hay vuelta atrás pero, como casi siempre, las cosas no eran como yo pensaba y el padre de mi amigo me ordenó que se los devolviera, miré a mi padre esperando su ayuda, pero eso no ocurrió  y tuve que devolver los cromos que yo me había ganado. Ahora        si que estaba hecho un lío,  siempre me tocaba la peor parte y mis padres no sabían defenderme como lo hacían los de los otros niños.

Los días iban pasando y yo me volví un niño solitario y triste que solo quería que pasaran rápido las horas de colegio para jugar con mis amigos de verdad.
Mi mejor amigo también me abandonó. Sus padres empezaron a descolgar los cuadros de la casa y a  meter en cajas todas sus pertenencias. Un día se despidieron, su casa se quedó vacía, pero no más que yo,
Ahora ya no tenía con quien jugar en el parque, por más que intentaba acercarme a otros niño , siempre acababa solo y pensando porqué no me gustaría a mi el futbol, yo lo intentaba una y otra vez, pero mis piernas no me hacían caso y los demás niños se cansaban de mi y me echaban porque decían que era  muy malo.